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La Coctelera

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Cuando alguien habla demasiado, sus palabras suenan sin oírse

Categoría: PERSONAL

12 Noviembre 2007

“FAMOSO ES LO ULTIMO QUE QUIERO SER”


Está en acción desde las 5 de la mañana, porque madruga para ir al gimnasio; es fanático de la música, habla con propiedad sobre divisas, adora el ajiaco y, lo más importante, es el protagonista de este artículo. Esta es su historia.

Por: Alejandro Laverde Ríos

al_laver16@hotmail.com


Alejandro tiene 18 años, vive con su mamá y su hermana, es soltero y trabaja en la Gerencia de Operaciones Internacionales de Bancolombia, el banco más grande del país.

Cuando niño quería ser astrónomo y luego profesor pero terminó estudiando Negocios Internacionales debido a su trabajo en la entidad financiera, aunque supo arrepentirse a tiempo y actualmente es un comunicador social-periodista en formación.

Quienes lo conocen aseguran que es una persona sincera, de carácter sencillo y apacible, honesto, algo tímido y buen amigo, aunque de muy pocos amigos.

Cuando está de mal humor hace mala cara y no le gusta que le pidan que sonría. Así es este joven bogotano, sin disimulos ni pelos en la lengua, para él las cosas son como son. Es un hombre serio, algo rumbero, apasionado por la vida y nada picaflor. Le gusta la estabilidad y cuando se enamora, se entrega por completo a su pareja.

Es hijo de padres humildes que lo concibieron pensando en el amor que invade el corazón de las nuevas parejas, pero agradece a ellos su formación y todo lo que es hoy en día, pues le ayudaron a construir, sin saberlo, la vida que ahora tiene.

Le encanta el cine y el teatro, lo apasiona la música y se autodefine como un “joven crossover”, aunque no es propiamente un fanático de la monótona música tecno con ese tu-tu-tu interminable. Su sueño frustrado es ser cantante pero no tiene la voz,

aunque aún así todavía se le pasa por la cabeza tomar clases de técnica vocal.

Quiere vivir en Australia porque le parece el lugar perfecto, con estaciones, cerca al mar, una gran movida cultural, conciertos y museos.

No nació para quejarse sino para no dejarse y sabe que su origen en lugar de detenerlo, hace resaltar sus meritos. Méritos como el de contar con un excelente puesto con apenas 18 años; como el de estar haciendo lo que quiere gracias a él mismo, actuando con prudencia y calma y como el de reinventarse como persona ante cada situación de la vida.

La de Alejandro es una historia de perseverancia y de creer que se puede conseguir lo que se desea. Para sus nuevos planes como comunicador, lleva presente esta frase de Jim Morrison como su frase de batalla: “Yo podría ser un gran periodista. Creo que las entrevistas son la nueva forma del arte. Creo que la auto entrevista es la esencia de la creatividad. Hacerte preguntas a ti mismo y tratar de encontrar respuestas. Lo que hace un escritor es contestar una serie de preguntas que no han sido pronunciadas.”


Conoce Un Poco Más a Alejandro....

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12 Noviembre 2007

Así es un día de este joven que con su particular manera de decir las cosas es capaz de mostrar lo más bello y lo más duro de una misma situación.



EN LOS ZAPATOS DE ALEJANDRO




Así nadie se pregunte como vive ese joven que se encarga de estar siempre de buen ánimo, creo que alguien tal vez quiera saberlo, por eso lo buscamos y nos permitió compartir por unas horas un pedazo de su vida.

Su día empieza muy temprano. Se levanta a las cuatro y media de la mañana y dejando los bostezos para el final del día, Alejandro deja su casa sabiendo que solo volverá luego de una larga jornada que culmina casi a las 11 de la noche. Sale por las calles de su barrio con su alma desprendida, esa misma que no deja que pare de sonreír durante todo el día. Atraviesa calles y más calles para esperar el bus alimentador, que a veces tarda eternidades y que lo deja en la estación del sistema Transmilenio donde toma el H20 hasta la Caracas con 32. En todo el trayecto se gasta una hora, en la que, en caso de que haya corrido con suerte, consigue un puesto libre.

Dedica así casi un par de horas al gimnasio ubicado en el segundo piso del edificio del banco donde trabaja, en donde práctica ejercicios en aparatos cardiovasculares. Luego toma una ducha y se dispone a iniciar su jornada laboral.

Todo comienza revisando el trabajo que quedó del día anterior. Hasta el momento todo es fácil y no hay mayor apuro, pero a medida que corre el tiempo y el día avanza, el trabajo incrementa y, pareciera que por más agilidad y experiencia que tuviera, no bastará el tiempo para cumplir con la meta.

En un abrir y cerrar de ojos ya ha transcurrido medio día y llega la tan esperada hora de pausa laboral. El centro internacional está atestado de tráfico y de empleados de distintas empresas que en ocasiones pareciera que compiten por un puesto en los restaurantes del sector. Siempre sale con su inseparable amiga y ex novia Catalina, quien desde que entró en su vida cambió su percepción del amor. Son ya las 6pm hora en la que ya para muchos es casi el fin del día, pero que para él marca el inicio de una nueva carrera contra el tiempo para llegar puntual a su clase en la Universidad. La séptima permanece congestionada y a veces pareciera imposible llegar a estudiar, pero sin embrago y armado de una gran paciencia, no en mucho tiempo está ya esperando la ruta que lo suba a los altos de Chapinero, lugar donde está ubicada su Universidad.

Luego de un maratónico día llega de nuevo a su hogar. Es tarde. A veces cena, a veces no, pero generalmente y luego de cambiarse de ropa, se fuma un cigarrillo en la terraza de su casa y ya cuando comienza a titilar de frío, tira la colilla y se prepara para acostarse. A pesar del cansancio tarda un poco en dormirse y en lo único que piensa es en que ya casi tendrá que levantarse de nuevo.

Antes de cerrar los ojos reza por su familia y sus pocos amigos, alumbrado por la luz tenue de su celular. Reza para que vivan por siempre, para que puedan cuidarlo a él y sus secretos, para que le puedan seguir dando amor y para que su mamá le pueda seguir cocinando ajiaco santafereño con su sazón especial todos los domingos de su vida.


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Soy Alejandro Laverde, estudiante de Comunicación Social y Periodísmo del Politécnico Gran Colombiano. Tengo 19 años y no por mi corta edad soy un joven inmaduro. Por el contrario, sé muy bien lo que quiero y a quien quiero en la vida. Me encanta el mundo de los medios y las relaciones públicas y trabajaré fuertemente para entrar en él, especialmente, en la radio, el medio de comunicación de mayor alcance.

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