Así es un día de este joven que con su particular manera de decir las cosas es capaz de mostrar lo más bello y lo más duro de una misma situación.
EN LOS ZAPATOS DE ALEJANDRO
Así nadie se pregunte como vive ese joven que se encarga de estar siempre de buen ánimo, creo que alguien tal vez quiera saberlo, por eso lo buscamos y nos permitió compartir por unas horas un pedazo de su vida. Su día empieza muy temprano. Se levanta a las cuatro y media de la mañana y dejando los bostezos para el final del día, Alejandro deja su casa sabiendo que solo volverá luego de una larga jornada que culmina casi a las 11 de la noche. Sale por las calles de su barrio con su alma desprendida, esa misma que no deja que pare de sonreír durante todo el día. Atraviesa calles y más calles para esperar el bus alimentador, que a veces tarda eternidades y que lo deja en la estación del sistema Transmilenio donde toma el H20 hasta la Caracas con 32. En todo el trayecto se gasta una hora, en la que, en caso de que haya corrido con suerte, consigue un puesto libre. Dedica así casi un par de horas al gimnasio ubicado en el segundo piso del edificio del banco donde trabaja, en donde práctica ejercicios en aparatos cardiovasculares. Luego toma una ducha y se dispone a iniciar su jornada laboral. Todo comienza revisando el trabajo que quedó del día anterior. Hasta el momento todo es fácil y no hay mayor apuro, pero a medida que corre el tiempo y el día avanza, el trabajo incrementa y, pareciera que por más agilidad y experiencia que tuviera, no bastará el tiempo para cumplir con la meta. En un abrir y cerrar de ojos ya ha transcurrido medio día y llega la tan esperada hora de pausa laboral. El centro internacional está atestado de tráfico y de empleados de distintas empresas que en ocasiones pareciera que compiten por un puesto en los restaurantes del sector. Siempre sale con su inseparable amiga y ex novia Catalina, quien desde que entró en su vida cambió su percepción del amor. Son ya las 6pm hora en la que ya para muchos es casi el fin del día, pero que para él marca el inicio de una nueva carrera contra el tiempo para llegar puntual a su clase en la Universidad. La séptima permanece congestionada y a veces pareciera imposible llegar a estudiar, pero sin embrago y armado de una gran paciencia, no en mucho tiempo está ya esperando la ruta que lo suba a los altos de Chapinero, lugar donde está ubicada su Universidad. Luego de un maratónico día llega de nuevo a su hogar. Es tarde. A veces cena, a veces no, pero generalmente y luego de cambiarse de ropa, se fuma un cigarrillo en la terraza de su casa y ya cuando comienza a titilar de frío, tira la colilla y se prepara para acostarse. A pesar del cansancio tarda un poco en dormirse y en lo único que piensa es en que ya casi tendrá que levantarse de nuevo. Antes de cerrar los ojos reza por su familia y sus pocos amigos, alumbrado por la luz tenue de su celular. Reza para que vivan por siempre, para que puedan cuidarlo a él y sus secretos, para que le puedan seguir dando amor y para que su mamá le pueda seguir cocinando ajiaco santafereño con su sazón especial todos los domingos de su vida.
